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Derecho Financiero 25 de junio de 2009
Las razones de la crisis financiera 2007-2009: ¿Los mismos errores de 1929?

La economía mundial funciona a través del intercambio de dinero real en efectivo por promesas de pago llamadas crédito, lo cual se lleva a cabo mediante la intervención de los bancos y demás entidades financieras. Los bancos cobran por el uso del dinero que prestan a sus clientes y a este costo se le llama tasa de interés. Los créditos otorgados requieren garantías para el caso de incumplimiento que en el caso de compra de bienes inmuebles se llaman hipotecas. El crédito es un requisito indispensable para el movimiento del sistema financiero. Así como las personas necesitan aire para vivir, el crédito permite que se desarrollen las actividades bancarias y comerciales. Sin crédito no puede funcionar el sistema monetario y financiero.

Existen dos clases primordiales de bancos: los Bancos Comerciales y los Bancos de Inversión. Los Bancos Comerciales utilizan el dinero real en efectivo de los depositantes para otorgar préstamos, cobrando una tasa de interés mayor a la que pagan a los depositantes. Así el banco puede pagar los intereses a sus depositantes y obtener ganancias. El dinero depositado es utilizado por el banco y prestado para que las personas compren sus casas mediante hipotecas, para que las empresas compren maquinaria y equipo, para que se puedan crear nuevos proyectos de negocios, más empresas y nuevos puestos de trabajo. Gracias al crédito otorgado por los bancos una persona recibe el dinero que necesita hoy, a cambio de pagar en un período de tiempo más dinero del que inicialmente recibió. Por lo tanto, el banco vende dinero real en efectivo por una promesa de pago llamada crédito cobrando una tasa de interés por este servicio. La Banca de Inversión, por su parte, utiliza el dinero real en efectivo que recibe de sus clientes y los invierte en instrumentos financieros llamados valores, tales como son acciones de empresas, bonos, fondos mutuos, fondos de inversión y otros. El banco cobra por este servicio y obtienen así sus ganancias al administrar el dinero de sus clientes. En este caso la regla es al revés, el banco vende un instrumento financiero llamado valor que es una promesa de pago o crédito a cambio del dinero real en efectivo del cliente. La ganancia que recibirá el cliente es el repago de una cantidad mayor a la invertida ya sea mediante la tasa de interés establecida en el instrumento financiero a lo largo del tiempo o, a través de la especulación de que esta inversión subirá de precio, lo cual no siempre ocurre. A mayor riesgo, mayor la tasa de interés y también el riesgo de pérdida parcial o total. Los bancos tienen la responsabilidad de hacer un análisis del crédito serio y cuidadoso tanto de sus préstamos como de sus inversiones para no poner en peligro el dinero de sus depositantes y clientes. Para este efecto, a los instrumentos y entidades financieras se les otorgan grados de inversión mediante números y/o letras con el fin de que el inversionista tenga una supuesta idea del riesgo respectivo, lo cual no necesariamente es una garantía ya que es sólo un marco de referencia.

En 1929, durante la Gran Depresión, debido a la emisión e inversión irresponsable en instrumentos financieros sin valor real, que sólo aumentaban de precio mientras hubiera personas que los siguieran comprando (pirámides) y que eran emitidos y comprados por parte del público y entidades financieras para especulación, en los Estados Unidos de América, se crearon leyes que impedían que una misma entidad financiera llevara a cabo Banca Comercial y Banca de Inversión (Glass - Steagal Act). En 1999, se revocó esta prohibición (Gramm - Leach - Bliley Financial Services Modernization Act que revoca Glass - Steagal Act). Por lo tanto, ahora una misma entidad financiera podía hacer ambas cosas, es decir, recibir depósitos, prestar dinero y a la vez llevar a cabo inversiones en valores.

En el año 2001, el gobierno de los Estados Unidos de América bajó las tasas de interés, dando acceso al crédito a personas que de otra forma no hubieran podido comprar casas. Se otorgaron préstamos a personas sin ingresos fijos ni trabajo fijo, en muchos casos por montos superiores a los valores del inmueble ya que se esperaba que la casa iba a subir de precio en pocos meses en virtud de que, en el mercado inmobiliario, las personas compraban casas más rápido de lo que estas se construían, dando lugar a una gran especulación (a estas hipotecas se les llamó “subprime” que son aquellas que tienen más riesgo de no pago contrario a las “prime” que tienen poco riesgo de no pago). Esto provocó que subieran los precios de los inmuebles de forma exagerada, sin control ni fundamento creando una burbuja inmobiliaria. Toda vez que la economía de los Estados Unidos de América estaba en buenas condiciones, se esperaba que un deudor fuera capaz de encontrar trabajo y que fácilmente pudiera pagar la deuda. La Banca de Inversión vio una gran oportunidad de negocios y transformó estas hipotecas en instrumentos financieros, para que fueran negociables y pudieran ser comprados y vendidos en la bolsa de valores. Se les otorgó grado de inversión por agencias independientes y fueron garantizadas por compañías aseguradoras. Se esperaba que por el hecho de estar garantizados con hipotecas estos valores no tuvieran ningún problema. Muchas entidades financieras vendieron estos instrumentos financieros sin entender que los precios que suben también bajan y que la tendencia alcista del valor de los inmuebles no sería permanente. Se cobraron generosos beneficios por comisiones producto de las ventas de estos valores. Posteriormente, subieron los tipos de interés. A inicios del 2007, el precio de la vivienda se desplomó, y los deudores se dieron cuenta que estaban pagando por una hipoteca más de lo que realmente valía su casa, subió el precio del petróleo causando estragos en la economía mundial, dando lugar a mayor especulación en los precios de todo, por lo tanto, subió el precio de todas las materias primas y de los alimentos. Las personas dejaron de pagar las hipotecas, por lo que los bancos debieron recurrir a sus propios depósitos para pagar los instrumentos financieros emitidos mediante hipotecas, dando lugar al descalabro de los bancos. Las personas al estar en apuros económicos compraban menos por lo que las empresas a su vez disminuían las compras a sus proveedores y estos a los fabricantes. Las ventas disminuyeron y no se podía sostener el volumen de personal por lo que se empieza a despedir, disminuyendo las planillas en las empresas, dando lugar a la recesión global que actualmente sufre el mundo.

Durante la Gran Depresión, el Presidente Roosevelt tomó medidas para impulsar la economía mediante el desarrollo de diversas políticas incluyendo un agresivo programa de obras públicas. Actualmente, durante la administración del Presidente Obama, la Reserva Federal de los Estados Unidos ha ido inyectando liquidez al sistema monetario para que los Bancos puedan tener dinero. En Europa los gobiernos han tomado medidas similares.

Afortunadamente, el Sistema Bancario de Panamá se mantiene sólido y estable. La ampliación del Canal de Panamá, al igual que otros proyectos de obras públicas, han contribuido a mantener en movimiento la economía panameña. Sería conveniente considerar llevar a cabo una reforma fiscal que fortalezca a la clase media, que es la que sostiene a nuestro país, de forma tal que los hogares panameños puedan tener más ingresos y así mantener nuestra economía sana y en movimiento. El dinero que se reingrese de esta forma a los hogares sería reinvertido en gastos que a su vez generarían otros impuestos y ayudarían a mantener en funcionamiento todo el sistema, ya que nuestra economía es altamente elástica. Le corresponderá al nuevo gobierno que resulte elegido el 3 de mayo de 2009, llevar a cabo un programa de estímulo a la economía para que la crisis global sea manejada de la forma más prudente para nuestro país.

Autor: JORGE COSTARANGOS es abogado, socio de la firma COSTARANGOS & ASOCIADOS www.costarangos.com, asesor bancario y miembro del Comité que redactó la Ley de Comercio Electrónico de Panamá.
 
 
 
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