La
profesión de abogado es una de las profesiones que
más repercusión tiene en la sociedad y el trabajo
de estos profesionales es el resultado en gran medida de la
forma de vida de un país, lo que implica que sobre
ellos recae una gran responsabilidad de la que deben ser conscientes
en todo momento, anteponiendo los derechos y deberes sociales
al lucro personal.
Saber leyes no es saber derecho, el abogado debe contar con
ambas cualidades y debe saber transmitirlas a través
de su trabajo, ya que de este depende el bienestar de sus
conciudadanos. Y digo conciudadanos porque el abogado debe
ver a sus clientes como ciudadanos que forman parte de nuestra
sociedad.
Una persona recurre a un abogado cuando se siente indefensa,
lo hace buscando apoyo con total inocencia, como un niño
cuando tiene miedo se dirige a su padre, y el abogado también
debe ser padre, debe educar a la persona que recurre a él.
El abogado debe ser honesto, debe asesorar con la verdad,
sin engañar, ofreciendo la solución más
inteligente sin crear falsas expectativas. El abogado debe
ofrecer privacidad, el secreto profesional se basa en la confianza
mutua. El abogado debe ceñirse a los códigos
éticos y morales que adquirió a través
de su formación y su experiencia. El abogado debe educar
a sus clientes para que puedan responder de forma adecuada
en situaciones futuras. El abogado debe ayudar a mejorar las
conductas y el sistema jurídico.
Cuando alguien recurre a un abogado muchas veces no sabe
si lo que solicita es legal o ilegal. Si es legal el abogado
debe procurar su solución, si es ilegal el abogado
tiene la obligación de explicarlo. El abogado siempre
debe tener criterios propios y ser transparente en la comunicación
con el cliente.
Se podría entrar en un amplio debate sobre lo que
es correctamente ético y moral sin llegar a ponernos
de acuerdo, pero esto no se decide por uno mismo si no que
es el resultado de una evolución social. Lo ético
y moralmente correcto debe ser aprendido al igual que un niño
debe aprender a tener un comportamiento correcto en la sociedad.
El abogado debe aprender estos valores y tomar conciencia
de ellos desde el primer momento que empieza su formación
y es responsabilidad de sus formadores inculcar la conciencia
de su responsabilidad futura. Los valores no se aprenden por
el mero hecho de leerlos si no que hay que tomar conciencia
de ellos hasta interiorizarlos.
No es suficiente un juramento al terminar la carrera si no
que debe exigirse el cumplimiento del mismo. Hay que reconocer
que en la abogacía, al igual que en otras profesiones,
existen abogados inmorales y carentes de toda lógica
que se aprovechan de las circunstancias. Para regular estos
casos están los colegios de abogados que tienen la
misión de definir claramente cuales son los comportamientos
que se deben seguir en todos los aspectos, al igual que regular
ciertas prácticas como pueden ser los honorarios profesionales
o el carácter de los servicios a prestar.
En este artículo hemos nombrado al abogado en primera
persona porque quizá sea la parte de todo el sistema
jurídico con el que se tiene un primer contacto, pero
el buen funcionamiento de todo el sistema jurídico
depende de la ética de cada uno de los miembros que
lo forman, desde un secretari@ hasta un juez.
El sistema judicial siempre es mejorable y todos debemos
contribuir a mejorarlo. Los abogados debemos adoptar unas
buenas prácticas de conducta, inculcárselas
a nuestros clientes y denunciar a todo el que ensucie las
maravillosas virtudes que posee esta profesión.
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